La escritura es comunicación

Claro. Pensar eso explica muchas cosas. Escribir es comunicar. Escribir cosas propias es comunicarse en forma personal. Es decir que siento. Es abrirme y mostrarme. Exponerme. Que me gusta. Que no. Que me quita el sueño. Inés Sainz, escritora y bloguera, hace un ejercicio muy interesante que creo que puede desbloquear esa resistencia que siento a la exhibición de mi esencia.
Se titula confieso e invita a confesar Aquellas cosas que no nos animamos a decir, a listarlas en forma desordenada e improvisada.

Allí voy:
Confieso que tengo miedo.
Confieso que me gusta la idea de escribir pero no me siento a hacerlo.
Confieso que no valoro lo que hago. O lo que no hago.
Confieso que estoy cansada de escaparme de mis deseos y sueños.
Confieso que deseo y sueño mucho, constantemente.
Confieso que me gustaría ser alegre, risueña, liviana y encantadora.
Confieso que quiero salir de mi cascarón.
Confieso que quiero cambiar, explota, socializar, ir por todo aquello que quiero.
Confieso que, a pesar de mis deseos, me paralizo y no avanzo. Casi casi retrocedo.
Confieso que me da vergüenza escribir.
Confieso que me gustaría recibir muchas críticas o aliento cada vez que publico algo.
Confieso que no me hago el tiempo para escribir.
Confieso que no priorizo.
Confieso que aún no encontré el ritmo, la rutina.
Confieso que no la busqué.
Confieso que me pongo vaga y hago la plancha.
Confieso que quiero cosas nuevas pero no salgo a buscarlas.

Comentarios

  1. sobre la temática:

    "¿Así que quieres ser escritor?"
    de Charles Bukowski

    Si no te sale ardiendo de dentro,
    a pesar de todo,
    no lo hagas.

    A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
    y de tu mente y de tu boca
    y de tus tripas,
    no lo hagas.
    Si tienes que sentarte durante horas
    con la mirada fija en la pantalla del ordenador
    o clavado en tu máquina de escribir
    buscando las palabras,
    no lo hagas.
    Si lo haces por dinero o fama,
    no lo hagas.
    Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
    no lo hagas.
    Si tienes que sentarte
    y reescribirlo una y otra vez,
    no lo hagas.
    Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
    no lo hagas.
    Si estás intentando escribir
    como cualquier otro, olvídalo.

    Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
    espera pacientemente.
    Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

    Si primero tienes que leerlo a tu esposa
    o a tu novia o a tu novio
    o a tus padres o a cualquiera,
    no estás preparado.

    No seas como tantos escritores,
    no seas como tantos miles de
    personas que se llaman a sí mismos escritores,
    no seas soso y aburrido y pretencioso,
    no te consumas en tu amor propio.
    Las bibliotecas del mundo
    bostezan hasta dormirse
    con esa gente.
    No seas uno de ellos.
    No lo hagas.
    A no ser que salga de tu alma
    como un cohete,
    a no ser que quedarte quieto
    pudiera llevarte a la locura,
    al suicidio o al asesinato,
    no lo hagas.
    A no ser que el sol dentro de ti
    esté quemando tus tripas, no lo hagas.
    Cuando sea verdaderamente el momento,
    y si has sido elegido,
    sucederá por sí solo y
    seguirá sucediendo hasta que mueras
    o hasta que muera en ti.

    No hay otro camino.
    Y nunca lo hubo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Los lunes en los museos

Miedos de infancia

Incertidumbres e inconsistencias