Los lunes en los museos


Ustedes conocen los museos. Son esos edificios grandes donde hay guardados objetos de otros tiempos, para que podamos conocerlos. Elementos que pertenecieron a otras personas, animales prehistóricos y sus esqueletos, ropas, armas, utensilios para cocinar y muchas cosas más.


Ustedes los deben conocer porque es un lugar de paseo, a donde se suele ir con la escuela o la familia. Al museo también se puede ir los fines de semana, pero los lunes están cerrados. Esos días yo iba con mi mamá a los museos, porque ella trabaja ahí y quienes trabajan van también los lunes, por más que no haya visitas.


Recorrer un museo sin nadie alrededor requiere muchísimo coraje. Es casi un ejercicio de superhéroe andar por museos vacíos. Imaginensé: salas grandes, techos altos, animales disecados, maniquíes vestidos con ropas antiguas y máscaras, vasijas gigantes y hasta pedazos de paredes. Es de día, pero adentro no hay nadie. Las vitrinas están llenas de cosas pero en silencio. Todo es quietud, como si uno tuviera que andar por ahí de puntas de pie. Como si el museo entero estuviera conteniendo la respiración.


Fue en uno de esos paseos de lunes, en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en que me encontré, en la sala donde están los botes o piraguas, con otra niña como yo. Primero nos miramos extrañadas. ¿Otra persona en el museo? ¿Por qué estaría acá? Como yo soy curiosa y muy charlatana me acerqué a saludarla. - Hola! Me llamo Ema. ¿Vos como te llamas?. Ella me miró con un poco de desconfianza o temor. Se quedó callada un rato y después me respondió: - Me llamó Aimé. - Qué lindo nombre! - exclamé yo sonriente - y tiene una "m" como el mío. ¿Cuántos años tenés? Porque yo tengo once. (Seguí hablando imparable). Aimé, más callada que yo y sin tantas palabras me dijo que tenía diez años. Nos quedamos un momento mirando la vitrina que teníamos delante y al poco tiempo apareció alguien llamándola y se fue. Casi había conseguido una compañera para mi paseo del lunes. Pero parece que se tenía que ir. ¿Qué haría ella ahí? ¿Por qué estaba en el Museo y en esa sala? Mil preguntas sin respuestas! Ojalá me la cruzará otro día más para poder conocerla más.

Comentarios

  1. Hermosa semblanza de un museo el día en que las piezas descansan de las miradas y la preguntas de tanta gente que por suerte vuelve a los museos, uno de los espacios de la memoria de los pueblos. Y si, gracias por ocuparte de estos lares.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Miedos de infancia

Incertidumbres e inconsistencias