La milagrosa - Final


Angélica era confiable. Acaso no era eso lo que todo el mundo necesitaba? Una crema que les dijera en quién confiar y en quién no? Podía ser todo tan simple. El problema era que no.

Una vez que le puso la crema Angélica la miró con cara extrañada y le preguntó: - Para qué es la crema? Muy buen olor no tiene, te aviso. Se rieron juntas. Ahora había que dar el salto y hablar de lo importante. De la comunidad, del reality, de los intereses que los organizadores tenían en vender un producto (el programa de TV). Porque en realidad ese era el fin máximo. Conseguir dinero. Testear personas. Crear una comunidad y estudiarla, pero no para nada maravilloso, sino para hacer negocio.

Y qué ganaban estos tipos con esta idea? Eso se preguntaba mientras volvía a su casa del tercer encuentro con Angélica, habían ido al cine a ver la última de los Cohen. Otra vez volvía a su casa sin haberle contado nada de la comunidad. Del Reality. Otra vez volvía a su casa sin cumplir el objetivo impuesto.

Ese objetivo era impuesto o elegido? Las cosas se nos imponen u optamos por ellas (aunque a veces de una acotada cantidad disponible). Si elegimos constantemente, qué le estaba pasando a ella? Qué la estaba deteniendo? Al fin y al cabo ella había tomado el trabajo de encuestadora o capturadora para el profesor y la señora aquel día. Pero qué la había impulsado a hacerlo?

Decidió ser totalmente franca con su nueva amiga, ya eran amigas, y contarle todo lo sucedido. Una vez que expusiera la situación sería su decisión que hacer. Se juntaron en una confitería hermosa de una esquina céntrica. Comenzaron comentando la semana, hablando pavadas, poniéndose al día. En un momento se hizo un silencio y ahí aprovechó para decir todo. Le contó con lujo de detalles todo lo que había vivido, cómo era el lugar, cómo había sido la capacitación, que ejercicios habían hecho y qué les habían dicho. Nunca se sintió más liviana en la vida.

A medida que iba hablando la cara de Angélica se transformaba. Para cuando terminó la descripción, su amiga, estaba sentada con la espalda pegada a la silla y totalmente tiesa. Pálida como una estatua. Con taquicardia. No había pensado que lo que le estaba contando fuera tan revelador, tan impactante. A penas lo había pensando como una anécdota graciosa que quedaría como la razón por la cual se conocían.

A los diez minutos había llegado la ambulancia. Iba camino al hospital en un taxi, siguiéndola a toda velocidad. No era familiar, por eso no podía estar con ella en la cabina. Además, tampoco sabían si no era ella la que le había provocado tamaño episodio. Ni sabían qué le estaba pasando a Angélica ni cómo solucionarlo.

Una vez que pagó el taxi, se bajó corriendo y entró a la recepción. Le indicaron que esperara en la sala. Pronto tendrían novedades. Amanecía ya. Seis horas había pasado ojeando revistas viejas y sentada en sillones que seguramente habían sido hermosos en su momento.

El médico salió para informarle que todo había terminado. Angélica estaba muerta. Ahora la iban a llevar a la morgue para hacerle la autopsia que la familia había pedido.

Cuando salió a la calle la pena la abrumaba, por eso decidió irse de viaje. Huir.

Meses después, ya de regreso, se encontró con un compañero de entrenamiento y locura "Milagrosa". Este le contó que le había pasado lo mismo a él, que había intentado blanquear la situación sobre el reality con su elegido y este había muerto en una situación extraña. Al parecer, La milagrosa era mucho más peligrosa de lo que se habían imaginado. Callados se saludaron y juraron no volverse a ver nunca más.

Evitemos hablar de esto.

Siempre se aprende algo de las situaciones más raras.

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