La caja misteriosa




Llegué a mi casa muerta de frío y cansada. Al entrar el encargado del edificio me dijo que había llegado un paquete para mí. Una caja. Me la dio y subí hasta mi departamento. En el ascensor la intriga crecía metro a metro. Estaba tan cargada que no podía ponerme a abrir la caja ahí, por eso tuve que esperar a entrar. Abrí las dos llaves, cerré la puerta, colgué la campera y la cartera, corrí al baño a hacer pis, conecté el celular al wifi y le saqué modo silencio.

Una vez hecho esto me dispuse a abrir la caja que había apoyado en la mesa grande. ¿Qué tendría adentro? ¿Quién me la había mandado? No había remitente visible. La intriga aumentó cuando al abrirla vi que adentro había una caja de pañuelos descartables y una tarjeta que decía ¿Estás lista?

¿Para qué? ¿Quién me lo preguntaba? Lo primero que hice fue escribirle a mis amigas a ver qué decían. Seguro era alguna de ellas, no quería dejarme llevar por el entusiasmo de pensar que me había ganado un premio increíble o que ahora me perseguía un asesino serial y que no debería haber tocado nada por las huellas. (Hoy en día cualquiera compra un par de guantes de látex en la farmacia y chau huellas, sino para qué sirven tantas series de suspenso en la tele.)

Las chicas alegaron no saber nada sobre la caja y se sorprendieron mucho. Si no son ellas deberían ganar un premio de actuación por Whatsapp porque les creí. Eso dejó lugar a que pensara que podía ser mi mamá. Pero ¿qué me quería decir que iba a necesitar toda una caja de pañuelos para contenerlo? Llamé a mi mamá pero estaba ocupada. O al menos eso dijo. Así que quedamos en hablar más tarde.

Vueltas, mates, cien miradas a la caja por si había algo que me perdí. ¿Será un acertijo? Seguro es un acertijo y yo soy un zoquete con estas cosas y no lo voy a resolver. Y si me quedo la caja para siempre sin saber quien la mandó y cómo.

Me fui a dormir sin saber qué hacer con la caja. Dando vueltas en la cama - de repente - me llegó una idea: El encargado tiene que saber quién le dejó la caja! Sino ¿cómo sabía que era para mí si no tenía destinatario escrito? ¿Y sino es para mí y se equivocó? Más vueltas hasta entrada la madrugada. Mañana me va a costar levantarme.

Siempre que salgo, a la mañana, el encargado ya está abajo baldeando la vereda. Está vez me acerqué y le pregunté directa: Buen día, ¿usted sabe quién dejó esa caja para mí? ¿Cómo sabe que era para mí? El hombre me miró resignado y desde arriba (es alto) - Vino un muchacho en moto y dijo que era para su departamento, supuse que era de una mensajería - Gracias, murmuré y me fui caminando. Dejé para la próxima el reto que incluye: - Cómo se le ocurre aceptar un caja de cualquiera!!! y - Podría haber sido una bomba o la cabeza de Gwyneth Paltrow!! Me fui al trabajo y decidí que lo que “pase pasará”. A otro tema.

Imposible. Mi cabeza solo piensa en al caja y la caja de pañuelos. Ahora me arrepiento de haber dejado a ambas solas en mi preciado hogar. Lamento no haber sacado pañuelo por pañuelo para ver si no había nitroglicerina escondida en el fondo de la cajita o en la cinta que une la caja grande o que se yo. Si esto es una broma o una sorpresa extraña se están pasando de listos y me están haciendo esperar demasiado.

A la tarde, volví a mi casa, honestamente esperando cruzarme algo que me diera una señal sobre lo que estaba pasando. Una pista. Al llegar el encargado estaba hablando con un muchacho muy compungido con pinta de bonachón. Me acerqué y el portero le dijo: Acá está, es ella. El flaco me sonrió aliviado. - Te pido mil disculpas. La caja no era para vos. Hubo una confusión. Es para mi hermana, la voy a invitar a un viaje a europa y se me ocurrió sorprenderla así. - Ahhh, está bien. Que lindo! - Dije yo - No te preocupes. Vení acompañame que te devuelvo la caja con todo. Suerte que no la tiré jajaj.

Subimos, le di su caja y cerré la puerta. Justo ahí sonó el teléfono y era mi mamá, otra de las supuestas sospechosas de la sorpresa, que me llamaba para ver como estaba. -Bien má, acá, recién llegada del trabajo. -

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