La media roja


Quería comenzar su día encontrando las medias. No era tanto pedir. Arrancar por metas pequeñas.. Había decidido que esa semana solo iba a hacer cosas que la entusiasmaran y que fueran disparatadas, sin sentido. Ergo, buscar la media durante cuarenta minutos no era una forma tan mala de empezar. Focalizada en seguir su deseo, determinada a ponerse medias rojas con una pollera violeta y una remera negra a lunares. Un éxito! Mejor no podría arrancar!

Claro que las cosas era más complicadas de lo que ella esperaba. Ya había revuelto medio departamento y la media no aparecía. Solo una tenía en la mano y lo chequeaba cada tanto por si se había equivocado y tenía las dos. Ni hablar las veces que revisó el cajón de las medias. Incontables las oportunidades que miro adentro del lavarropas, en el tacho de la ropa sucia y abajo del tender (uno nunca sabe). Pero la media revelada aún se negaba a aparecer.

A esta altura, ya era un desafío. Para ella y para la media. La media se escondía en algún lado, de eso estaba segura. Era imposible que no la hubiera visto. Pensó un plan de acción. Ir palmo a palmo. Metro a metro. Rastrillando el lugar como si se tratara de una escena del crimen. Se declara la instancia de “Carta robada” hasta el lugar más obvio será chequeado.

Comenzó desde la puerta. La miro con atención. La escudriñó. Nada. Vacía. Al lado de la puerta estaba el perchero. Sin novedades. Desde el hall de entrada se iba al living que tenía sólo una televisión, un sillón y una biblioteca. Por suerte era obsesiva. Los libros estaban acomodados hermosamente. Con una sola mirada podía saber si había algo de más allí. No, ni señales de la media. Al lado del living estaba el baño. Otro lugar desierto. Si miraba una vez más en el tacho de la ropa sucia era solo por costumbre. Ahora la habitación. La cama, nada. El colchón había quedado desnudo después de la primera tanda de búsqueda. Las sábanas dobladas. El acolchado también. En la mesita de luz no hay medias. En el piso tampoco. Debajo de la cama, nada. El placard ya casi se siente abusado de tanto manoseo. Vuelta sobre los pasos. Hacia la cocina. Lugar ridículo para una media.

Cajones, uno por uno. Cocina, hasta adentro del horno. Piso. Lavadero. Lavarropas otra vez. La desesperación lo tiñe todo. Sentada en una silla, agotada, terminó decidiendo palear su desazón con un rico yogurt. Al abrir la heladera. Sonriendo sobre un tupper con calabaza, la media roja. Fría. Fuera de lugar. Un muestrario de lo mucho que piensa y lo poco que presta atención cuando acciona.



1 Carta robada, cuento de Edgar Allan Poe.

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